BUENAS PRÁCTICAS: TIPOLOGÍA DE MEDIDAS DE ADAPTACIÓN A IMPLEMENTAR (II)

En una entrada anterior compartíamos información sobre una clasificación de medidas que el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) hizo en su grupo de trabajo II de 2014, en cuanto a medidas que pueden implementarse en un plan de adaptación al cambio climático.

Como se recogía previamente, en esta entrada, se comparte una clasificación que es más adecuada al contexto local y/o municipal y que se tendrá como referencia de partida en el diseño de los planes de adaptación de Siruela y Tamurejo, ajustando a las conclusiones recogidas en las reuniones de mapa de agentes y considerando el análisis de información que se ha hecho sobre el territorio por parte de los técnicos/as que están trabajando en el proyecto.

Así, se puede hablar de:

  • Acciones grises
  • Acciones verdes
  • Acciones blandas

  1. Acciones grises: hacen referencia a intervenciones de carácter ingenieril y tecnológico.
  • Ejemplo – refuerzo mediante diques de las zonas costeras amenazadas por la subida del nivel del mar.
  • Limitaciones – son varias las limitaciones que afectan a la viabilidad de esta categoría de acciones: el diseño bajo altas incertidumbres – con respecto al clima futuro, los cambios demográficos, el comportamiento humano, etc.-, el coste de inversión de las infraestructuras, los costes de mantenimiento, la longevidad, etc.
  • El mal diseño puede dar lugar a alteraciones e inestabilidades en el sistema.
  1. Acciones verdes: utilizan los múltiples servicios y funciones de los ecosistemas y la naturaleza para ayudar a la sociedad a hacer frente al cambio climático. El papel de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos en la adaptación al cambio climático y la mitigación ha sido reconocido en el Convenio sobre Biodiversidad Biológica (CDB) y aunque de forma más sesgada, en el CMNUCC se contemplan dentro de la llamada adaptación basada en ecosistemas. Usa la gama de oportunidades para la gestión sostenible, la conservación y restauración de los ecosistemas para proporcionar servicios que permitan a las personas adaptarse a los impactos del cambio climático. Su objetivo es mantener y aumentar la resiliencia y reducir la vulnerabilidad de los ecosistemas y los seres humanos frente a los efectos adversos del cambio climático. Las acciones de adaptación verdes tienen un claro co-beneficio con las acciones de mitigación pues contribuyen a conservar o mejorar las reservas de carbono.
  • Ejemplos: diversificación de cultivos, refuerzo de defensas naturales, como dunas o humedales, restauración de ecosistemas, cubiertas verdes y jardines verticales, etc.
  • Limitaciones: a pesar de sus virtudes, sin embargo, existen limitaciones en la implementación de la adaptación basada en ecosistemas. Los beneficios de las intervenciones en los ecosistemas como medida de adaptación al cambio climático son aún díficiles de evaluar, no existiendo estándares ni metodologías de aplicación comparables a las de los enfoques más ingenieriles. Se requiere además un esfuerzo de cooperación institucional a diversas escalas y sectores que puede ser un reto en muchas realidades locales.
  1. Acciones blandas: enfoques de gestión, jurídicos y políticos que alteran el estilo de gobernanza y el comportamiento humano. Aquí estaría la adaptación basada en la comunidad. Centra su atención en el empoderamiento y la promoción de la capacidad de adaptación de las comunidades. Es un enfoque que toma el contexto, la cultura, el conocimiento y las preferencias de las comunidades como fortalezas.
  • Ejemplos: la planificación y aprobación de leyes, el suministro de agua y la gestión de la demanda para mitigar la sequía, los sistemas de alerta temprana para los riesgos asociados al efecto isla de calor o las inundaciones, la gestión de usos del suelo y la ordenación del territorio, la diversificación y el seguro económico, las campañas de información y la salud pública, entre otros.
  • Limitaciones: requieren un esfuerzo de coordinación institucional y de compromiso social no siempre presente en todas las realidades locales.

Las acciones verdes y blandas a menudo consumen menos recursos, proporcionan múltiples beneficios y apuntan específicamente a la reducción de la sensibilidad y el aumento de la capacidad de adaptación de los sistemas humanos y naturales para aumentar su resiliencia. Las acciones grises suelen necesitar mayores fondos y requieren más investigación, experiencia y formación para su implementación.

Fuentes consultadas:

Ministerio de Agricultura y Pesca, ALimentación y Medio Ambiente – http://www.mapama.gob.es/es/